La primera virada

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La tarde de verano se posaba tibia y quieta sobre el pequeño puerto de la costa oeste. El sol ya empezaba a inclinarse hacia el horizonte, y el agua de la bahía estaba casi como un espejo, solo rizada al otro lado del rompeolas, donde entraba una brisa suave. Edvin tenía nueve años y estaba en el muelle con su chaleco salvavidas amarillo y dos dedos metidos en el bolsillo. A su lado, el abuelo se inclinaba sobre la regala del pequeño bote de madera y soltaba el cabo de amarre. La barca se mecía blandamente contra las defensas. 'Esta tarde navegas tú,' dijo el abuelo. Lo dijo como si no fuera nada del otro mundo. Pero para Edvin era la cosa más extraordinaria que podía imaginar.

El bote se llamaba Gaviota y era el más pequeño de todo el puerto. Tenía una vela blanca, un poco amarillenta, enrollada alrededor de la botavara, una regala barnizada que olía a pino viejo y cálido, y unas tablas de fondo pulidas por muchos veranos de agua salada. Edvin bajó al bote un paso a la vez, exactamente como el abuelo le había enseñado. Nunca saltes a un bote, decía siempre el abuelo. Un bote no es una silla. Se mueve mientras tú te mueves. El bote se balanceó y Edvin se sentó rápido en la bancada. Olía a alquitrán y a mar y a algo dulce de los prados de la orilla en el fondo de la bahía.

El abuelo bajó detrás de él, con cuidado y firmeza, de modo que el bote apenas se movió. Se sentó en la bancada de más a popa, junto a la caña del timón, y empezó a soltar la vela blanca de la botavara. 'Hoy tenemos un noroeste constante,' dijo. 'Viento perfecto para un principiante. Tres metros por segundo, quizá cuatro ahí fuera entre los islotes.' Edvin asintió como si entendiera exactamente lo que significaba. En realidad solo sabía que 'constante' era bueno y que no había olas grandes en la bahía. La vela se desenrolló y crujió un poco al desplegarse libremente, como una gran lámina clara. El abuelo izó la mayor a lo largo del mástil, despacio, tirón a tirón, hasta que quedó recta y tensa contra el cielo luminoso.

Sigue el cuento en Fabeligo, narrado e ilustrado

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