El poder de los volcanes

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Imagina que estás parado en una montaña que respira. El suelo bajo tus pies está caliente. Muy arriba, una nube de vapor blanco sube hacia el cielo. Esto no es una montaña cualquiera, es un volcán. Y los volcanes son algunas de las fuerzas más poderosas y hermosas de todo nuestro planeta.

Pero, ¿cómo funciona realmente un volcán? Para entenderlo, necesitamos viajar profundo hacia el interior de la Tierra. Nuestro planeta es como un gran huevo duro, tiene una cáscara por fuera y capas blandas por dentro. La capa más externa, donde vivimos, se llama la corteza terrestre.

Debajo de la corteza hay una capa gruesa llamada el manto. El manto no es líquido como el agua, es más bien como arcilla muy caliente y pegajosa. ¡Es tan caliente que las rocas allí abajo pueden derretirse de verdad! Puede tomar miles de años para que el manto se mueva lentamente, pero siempre está en movimiento.

Y justo en el centro de nuestro planeta, a casi cinco mil kilómetros bajo tus pies, está el núcleo de la Tierra. El núcleo es increíblemente caliente, casi tan caliente como la superficie del sol. El núcleo interno es sólido y está hecho de hierro y níquel. A su alrededor hay un núcleo externo de metal líquido.

Ahora ya conocemos la corteza, el manto y el núcleo. Pero, ¿cómo se relaciona todo esto con los volcanes? La corteza no es una sola capa sólida completa. Está dividida en grandes trozos, como una cáscara de huevo rota. Estos trozos se llaman placas tectónicas. Y se mueven, muy, muy lentamente.

Las placas tectónicas se mueven aproximadamente tan rápido como crecen tus uñas, solo unos centímetros al año. Eso suena pequeño, pero a lo largo de millones de años, ¡se han movido enormes distancias! Y cuando las placas chocan o se separan, pasan cosas emocionantes.

Cuando las placas chocan, una puede ser empujada debajo de la otra, hacia el manto caliente. Allí se derrite y forma roca líquida. Esa roca líquida se llama magma, que es roca fundida y caliente en el interior de la Tierra. El magma sube hacia arriba porque es más ligero y burbujeante que la roca dura que lo rodea.

Sigue el cuento en Fabeligo, narrado e ilustrado

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