La serpiente blanca
Narrado en sueco, inglés, noruego
Texto para leer en español, inglés, sueco, noruego, danés, finés y alemán.
Narrado en sueco, inglés, noruego
Texto para leer en español, inglés, sueco, noruego, danés, finés y alemán.
Hace mucho tiempo vivía un rey famoso en todo el reino por su sabiduría. Nada le estaba oculto, y parecía que el mismo aire le susurraba secretos al oído. Pero el rey tenía una costumbre extraña. Cada noche, terminada la cena y recogida la mesa, un sirviente de confianza traía un último plato cubierto. Nadie sabía qué había bajo la tapa, pues el rey nunca lo probaba hasta que estaba completamente solo en la sala.
Una noche el sirviente se puso tan curioso que ya no pudo contenerse. Llevó el plato a su habitación, cerró la puerta con cuidado y levantó la tapa con manos suaves. Allí yacía una serpiente blanca y larga, brillante como la luz de la luna sobre el agua. No pudo resistir la tentación, así que cortó un trocito y se lo puso en la lengua. En ese mismo instante oyó pío y trinos fuera de su ventana, y al escuchar entendió cada palabra. Eran los gorriones contándose todo lo que habían visto en bosque y pradera. La carne de la serpiente blanca le había regalado el idioma de los animales.
Pero ese mismo día la reina perdió su anillo más hermoso, y la sospecha cayó sobre el joven sirviente, que podía moverse por todo el castillo. El rey lo mandó llamar con ojos severos. 'Si para mañana no puedes señalar al ladrón, te tendrán por culpable y serás ejecutado.' El sirviente juró una y otra vez que era inocente, pero el rey no quiso escuchar. Con paso pesado el joven salió de la sala sin saber adónde ir.
Inquieto, bajó al patio del castillo a pensar. Junto a un arroyo había unos patos arreglándose las plumas en silencio. Hablaban en voz baja, y el sirviente se detuvo a escuchar. Contaban todos los buenos lugares donde habían buscado comida esa mañana. Entonces uno suspiró: 'Algo me pesa mucho en el estómago. Comí tan deprisa esta mañana que me tragué un anillo que había bajo la ventana de la reina.' Al instante el sirviente la tomó con cuidado por el cuello y la llevó al cocinero. 'Aquí tiene un buen pato. Prepárelo, por favor.' Y cuando el cocinero lo abrió, el anillo de la reina brilló dentro.
Sigue el cuento en Fabeligo, narrado e ilustrado
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